Lactancia, clave para prevenir obesidad: Nutrióloga Mariel Aviña Barrera

• También controla infecciones al fortalecer el sistema inmunológico

Los primeros seis meses de vida de un humano son cruciales en su desarrollo posterior y en esa temporalidad la lactancia materna es un fundamental  al ser la única fuente de alimento para un bebé, así los señaló la Licenciada en Nutrición y Ciencia de los Alimentos y Maestra en Ciencias y Tecnología de los Alimentos Mariel Aviña Barrera.

En entrevista exclusiva con el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), la especialista aseguró que la importancia de la lactancia radica en que este tipo de leche contiene los nutrientes necesarios como proteínas, grasas, carbohidratos, ácidos grasos esenciales, entre ellos, omega 3 y un alto contenido de vitaminas, como la vitamina A, lo cual va a ayudar al desarrollo general del lactante, su crecimiento y, de manera muy importante, en el desarrollo cerebral por los aminoácidos esenciales que aporta, además de que contribuye a controlar infecciones, algunas enfermedades y fortalece su sistema inmunológico.

“Se han visto diferencias significativas en un lactante alimentado exclusivamente por lactancia materna a uno que ha sido alimentado con fórmula, en cuanto a la reincidencia de algunas enfermedades generales de la infancia, por ejemplo, gastrointestinales, resfriados, entre otras”, comentó.

Al hacer referencia a las causas de la obesidad en las y los bebés, sostuvo que  en muchas ocasiones, cuando son alimentados con fórmulas lácteas, pudiera verse afectado su peso por una sobrealimentación, mala indicación o su preparación. Sin embargo –aclaró-, también hay bebés que se les considera que tienen obesidad cuando están en lactancia materna exclusiva, lo cual realmente no se puede clasificar como tal hasta después de iniciada la alimentación complementaria, ya que cuando son lactantes acumulan mucha grasa para los periodos de crecimiento que tienen en su primer año de vida, lo que se conoce como los primeros 1,000 días de vida.

Por ello, continuó, no se puede catalogar a un bebé como obeso antes de los seis meses o antes de iniciada la alimentación complementaria, excepto cuando la mamá inicia la alimentación, no muy asertivamente, antes de los seis meses, ahí sí se debería considerar si el niño sobrepasa el percentil de 95 de la tabla de crecimiento y ya está con una alimentación.

La experta también habló sobre la relación entre lactancia materna, nutrición y salud, y dijo que la lactancia coadyuva en la consolidación del sistema inmunológico, además de poder ayudar a controlar la obesidad, disminuir la incidencia de algunas enfermedades relacionadas con la obesidad, como las cardiovasculares o la diabetes, lo cual se traduce en una reducción de costo para el país en el gasto hospitalario, debido a que no genera más carga pública.

También subrayó que nunca se podrá asegurar que un bebé que es alimentado por lactancia materna exclusiva sea obeso, al contrario, la alimentación con este tipo de leche disminuye la prevalencia de células adiposas en el cuerpo, que son las que realmente se acumulan como grasa y cuando los niños tienen esa predisposición desde pequeños es porque fueron alimentados con fórmula láctea o con leche entera de vaca antes de tiempo, por lo que sus células se vuelven adiposas y empiezan a acumular grasa muy rápidamente en la infancia temprana, además de que su microbiota intestinal se vuelve inestable y eso se traduce en un factor de riesgo para la absorción de nutrientes y la sobreabsorción de grasas y carbohidratos a nivel intestinal.

“La lactancia materna es un protector digestivo que ayuda a fomentar una microbiota saludable y contribuye para que el bebé tenga una absorción de nutrientes adecuada y favorable en los años posteriores; todos estos factores de beneficio que otorga la leche materna son un protector ante la obesidad, en comparación con otro tipo de alimentación en las y los lactantes”, puntualizó.

Finalmente, precisó que para cuidar la alimentación de los pequeños en los primeros mil días es importante evaluar qué tipo de alimentación se le está dando de acuerdo a su edad, si es con base en una fórmula láctea, lactancia materna exclusiva, si se ha iniciado una alimentación complementaria o si ya se le ha dado leche de vaca y acudir con un profesional para revisar el estado de salud de la o el infante.

“En el cuidado del peso del bebé, cuando se ha optado por la lactancia materna exclusiva no hay acciones que tomar, es necesario esperar a que termine esa etapa a los seis meses de edad y empezar con una nutrición adecuada para evitar la sobrealimentación y entonces sí pueda hacerse una valoración y poder regular el peso del niño sin afectar su desarrollo”, concluyó.

La obesidad es muy común pero no debemos acostumbrarnos: Alicia Ramírez Huerta, ex Presidenta de la Asociación Mexicana de Nutriología

*Sin juzgar, la sociedad debe tener claro que el sobrepeso es un estado de alerta para la salud.

Existen en la actualidad grupos de personas que empujan la normalización de la obesidad ante un panorama en donde la mayoría de los individuos la padece y aún, cuando cada persona es libre de desarrollarse como mejor le convenga, es importante no perder de vista que más allá de un tema estético se trata de una condición de salud que debe poner en alerta tanto a quien la padece, a sus seres queridos y por supuesto a los gobiernos.

Lo anterior, lo refirió en entrevista exclusiva con el Laboratorio de Datos contra la Obesidad, la nutrióloga Alicia Ramírez Huerta quien lamentó que los mexicanos vivan los dos extremos en lo que respecta a este rubro: por un lado, la desnutrición de las personas en pobreza que no tienen acceso mínimo a los alimentos y, por el otro, aquellos que sufren obesidad por consumir exceso de calorías, provenientes principalmente de productos ultraprocesados.

Dicha dinámica, explica la también ex Presidenta de la Asociación Mexicana de Nutriología ha provocado que la obesidad sea una pandemia aceptada y común en el país, al grado que existen quienes defienden y promueven esa condición de salud anclados en un discurso de no discriminación.

Tampoco se trata de ignorar que existe un estigma social sobre las personas obesas, el cual debe ser completamente rechazado: ni tú ni nadie adquiere un valor conforme lo que dice la báscula. Sin embargo, sí tenemos que avanzar en concientizar más sobre los múltiples factores que inciden y también en sus consecuencias, advirtió la experta.

Al abundar sobre los factores que influyen en que una persona padezca o no sobrepeso, Ramírez Huerta señaló que la comunidad científica tiene identificados más de 100 por lo que su abordaje es sumamente complejo. Desde los genéticos, los farmacológicos, los hormonales, tener otras enfermedades, alteraciones en la microbiota estomacal, el tipo de raza, hasta los ambientes obesogénicos, los cuales son hoy en día muy comunes.

El cine, por ejemplo, dijo, es un espacio en donde es casi imposible desvincular el disfrutar una película sin necesariamente comer algo de la gran oferta que existe.

Respecto a cómo combatir la obesidad, la especialista explica que hay varios niveles de análisis; uno de ellos, en donde es el individuo quien debe empezar por reconocer que el sobrepeso es una alerta que lanza su cuerpo por su estado de salud y actuar frente a ello, mientras que se deben diseñar políticas públicas orientadas a la educación nutricional desde temprana edad, regulación en espacios escolares y laborales en donde también haya alternativas saludables, la regulación de los ultraprocesados y la reformulación de los productos que produce la industria de los alimentos, así como las campañas publicitarias.

Finalmente, la ex Presidenta de la Asociación Mexicana de Nutriología reconoció, que si bien las dinámicas laborales han empujado a las familias a tener a los padres en actividades económicas y eso a su vez repercute en la alimentación de éstos y sus hijos, es importante encontrar espacios para priorizar las frutas y las verduras sobre todos los productos empaquetados.

Ayuno intermitente, una alternativa para atajar la obesidad: Nutrióloga Martha Elena Cadena Mendoza

  • Para obtener resultados positivos, debe haber flexibilidad para cumplir entre 8 y 12 horas.

El ayuno intermitente es una de las varias alternativas que existen para controlar y aminorar las consecuencias de la obesidad y el sobrepeso y siempre es fundamental acudir con un profesional que oriente de manera personalizada y pueda dar opciones que se adapten a sus horarios y preferencias.

Así lo consideró la licenciada en Nutrición Martha Elena Cadena Mendoza, quien detalló que esta práctica consiste en dejar de comer por algunos espacios del día. “Se trata básicamente de un arreglo de los horarios para que la persona pueda dar un respiro o un descanso al intestino, lo cual va a ayudarle a que, después de mínimo 8 horas, pueda tener una buena quema de grasa” explicó.

Respecto a cómo influye dicha alternativa, la especialista dijo que es muy noble, ya que puede ayudar a quemar grasa y además al manejo de la ansiedad, pero es muy importante que se lleve una dieta, es decir, un control de lo que la persona come para que se puedan alcanzar los resultados esperados.

Una de las razones por la que algunos consideran que no funciona el ayuno intermitente en ciertas personas que lo han probado, advirtió, es porque no llevan un buen control de su alimentación, por ejemplo, si se consume exceso de azúcar, el cuerpo va a dar prioridad a estabilizar y normalizar esos niveles de azúcar en sangre y después procederá a lo que se pretende en cuanto a quema de grasa.

Y resaltó que aunque suena fácil no es tan sencillo alcanzar el objetivo que se quiere, por lo que es recomendable acudir con un experto, toda vez que el tema del sobrepeso y la obesidad, así como todas las enfermedades que de ello se desencadenan, representan algo muy complejo y es necesario darle la seriedad correspondiente.

Al referir los beneficios de dicha alternativa, sostuvo que estos dependen del número de horas al día en los que se practique, por ejemplo, si la persona empieza haciendo un ayuno de 8 a 12 horas, se puede lograr quema de grasa; si se hace un ayuno de entre 16 y 18 horas, se podría tener producción de hormona de crecimiento, y a partir de las 22 horas de ayuno se puede alcanzar la autofagia.

Asimismo, indicó que el ayuno intermitente es flexible en cuanto a tiempo: puede ser un ayuno chico, medio o prolongado, este último se refiere a días, donde hay la posibilidad de tener una combinación de seis días de alimentación más un día de ayuno completo; también puede ser que solo se cumplan 12 horas de ayuno o se lleguen a 16.

Por otro lado, el estado de ánimo de la persona, las diversas actividades que realiza y el grado de apetito que tenga son aspectos que se deben considerar en el ayuno intermitente, puntualizó, toda vez que el individuo no es como una línea recta, por lo que puede haber cierta permisividad en el manejo.

“Es conveniente tener flexibilidad para que la persona no se frustre en el manejo de ayuno y dar un poco de libertad a que el cuerpo hable, a que coma cuando de verdad tenga hambre y no cuando lo dicta un horario, el trabajo o alguna otra circunstancia”, agregó.

Sobre qué tipo de personas pueden incorporarlo a su vida, apuntó que ello depende si se trata o no de una persona sana. Por ejemplo, añadió, hay quienes padecen diabetes y tienen tratamientos con hipoglucemiantes o con inyecciones a temprana hora, lo cual requeriría coordinar un control con su médico. Al respecto mencionó que es un foco rojo para pacientes con problemas de hígado, riñón o con algún tipo de enfermedad crónica, pero si la persona está totalmente sana, no hay ningún problema en que lo haga.

Un elemento clave para que dicho proceso sea exitoso, afirmó, es la dieta, que debe ser lo más natural posible; además es importante medir y pesar las cantidades, lo cual puede costar trabajo al principio, por lo que es recomendable ir poco a poco. Por ejemplo, si una persona se comía cinco tortillas a la hora de la comida, debe tratar de disminuirlas a tres, aunque lo ideal es que sean solo dos; se aconseja ir haciendo un cambio progresivo, que es el que más le beneficia, porque ello permite que el cuerpo realmente se acostumbre a esos cambios.

Finalmente, al hablar sobre algunas desventajas, señaló que uno de los obstáculos es que vivimos en una sociedad muy consumista, donde cuesta trabajo entender los beneficios que se pueden alcanzar al realizar un ayuno prolongado de alimentos.

Cuando una persona come muy continuamente no le está dando espacio a su cuerpo para que actúe de otra manera, pues lo tiene “distraído” todo el tiempo digiriendo –continuó- y lo que se tiene que hacer es dar un espacio de tiempo a ese cuerpo y decirle ve a rejuvenecer, a reponer lo que haga falta y desintoxicar. “Recomiendo hacer más conexión con el cuerpo, tratar de hacerle más caso cuando tenga hambre y no guiarse por horarios, darle más prioridad a la alimentación, que sea un poco más natural e ir haciendo cambios sustanciales de manera paulatina”, concluyó.

Trastornos alimenticios, más común de lo que creemos: Carlos Alejandro Pelayo Gervacio

  • La suma de varias causas hace más complejo el problema

En entrevista exclusiva para el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), el licenciado en Nutrición y Maestro en Nutrición Clínica Carlos Alejandro Pelayo Gervacio, explicó a qué se le denomina trastorno alimenticio.

“Un trastorno alimenticio es una enfermedad mental, y para ser diagnosticadas las personas,  están los criterios en el Manual de Enfermedades Mentales, conocido como DSM-5 de Estados Unidos, donde encontramos diagnósticos de enfermedades como el trastorno de la personalidad, esquizofrenia, etc. El trastorno alimenticio es aquel momento en el que el sujeto tiene problemas con el pensamiento y la emoción hacia los alimentos, no es una buena relación la que llevan con los alimentos”, detalló.

El también docente de la Licenciatura en Nutrición en la Universidad de Guadalajara y el Centro Universitario UTEG y TEC de Monterrey mencionó los distintos tipos de Trastornos de Conducta Alimentaria (TAC): anorexia, bulimia, comedor compulsivo y el trastorno por atracón, así como los que se dan en niños y niñas (trastorno de Pica, cuando una persona ingiere cosas que no se consideran alimentos), y el de evitación o conocido como ARFID (Avoidant Restrictive Food Intake Disorder), caracterizado por comer cantidades de comida muy pequeñas y evadir por completo ciertos tipos de comida llevando, algunas veces, a disturbios en el crecimiento y el peso, donde cada uno de ellos se manifiesta con distintos síntomas, dependiendo la edad en la que se presente.

Al hablar sobre cuáles son los síntomas, el experto mencionó que son muy variados, dependiendo del tipo de trastorno que tenga la persona. Entre algunos de ellos están el restringir o evitar comer ciertos alimentos; observar con mucha frecuencia su imagen en un reflejo (espejo o cristal); cubrir su cuerpo; compararse con los demás; pesarse a menudo; realizar ayunos prolongados, y vomitar.

Un trastorno alimenticio es una enfermedad mental, y para ser diagnosticadas las personas,  están los criterios en el Manual de Enfermedades Mentales, conocido como DSM-5 de Estados Unidos, donde encontramos diagnósticos de enfermedades como el trastorno de la personalidad, esquizofrenia, etc. El trastorno alimenticio es aquel momento en el que el sujeto tiene problemas con el pensamiento y la emoción hacia los alimentos, no es una buena relación la que llevan con los alimentos.

También aseguró que son muchos los factores que inciden en el riesgo de desarrollar algún trastorno alimenticio, al tiempo que señaló que no hay uno más importante que otro, “puede ser la cuestión genética; una sociedad totalmente centrada en la imagen corporal; el bullying a pequeña edad; la crítica; las redes sociales; la comparación al estar viendo cuerpos perfectos; las familias disfuncionales; la escasa comunicación; la pérdida de un ser querido, una mascota o algún suceso traumático, entre otras situaciones; sin embargo, es importante subrayar que no se trata de una sola causa, sino la suma de varias, lo que hace más complejo el problema”.

Más adelante afirmó que en nuestro país los trastornos alimenticios son mucho más comunes de lo que creemos. Antes –puntualizó- se creía que era una enfermedad o condición en personas de un status social alto, sin embargo, los trastornos de conducta alimentaria pueden aparecer en cualquier estrato social, religión, edad o género, eso no hace distinción y México no está exento de padecerlos, en promedio, tiene las mismas estadísticas a nivel internacional de casos de anorexia o de trastornos de conducta alimentaria.

Finalmente, el experto hizo algunas recomendaciones, si se notan cambios en el estado anímico de la persona (sentir tristeza, asco, ira, miedo o sorpresa), entre ellas acudir a un especialista y no hacer caso de las personas que no son profesionales de la salud con respecto a la alimentación; evitar dejar de comer y clasificar a los alimentos como “buenos” o “malos”; no juzgarnos; buscar alguna actividad que ayude a mejorar los pensamientos y tener a alguien a quien recurrir. “Si se detecta a tiempo, más rápido se puede resolver el problema”, concluyó.

La alimentación debe ser saludable y amigable con las personas, los demás seres vivos y el planeta: Oscar Loreto Garibay

  • El proceso de alimentos tiene efectos en distintos ámbitos.

La importancia de la buena alimentación debe pensarse desde varias perspectivas: ser saludable y amigable, pero no solo para las personas, sino también para los demás seres vivos y el planeta, aseguró el licenciado en Nutrición, maestro en Ciencias de la Salud Pública y doctor en Ciencias de la Salud Pública, Oscar Loreto Garibay.

En entrevista para el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), explicó  que esto tiene que ver con una acción que tenga mayor y mejor impacto para nosotros y para el planeta y uno menor de las cosas nocivas, lo cual implica pensar en toda la cadena de la alimentación: producción, transporte, almacenamiento, consumo e, incluso, la producción de desechos en todo momento. 

“Frecuentemente caemos en la costumbre de que cuando se habla de buena alimentación, simplemente se piensa en calorías, proteínas, grasas, hidratos de carbono, fibra, vitaminas y minerales, pero se debe abrir un poco más la perspectiva de que la buena alimentación no solo es de nutrimentos, sino del proceso de los alimentos y que va a tener un efecto”, señaló. 

En este contexto, el especialista también hizo referencia a los factores que inciden en los altos niveles de sobrepeso y obesidad en la población mexicana, situación que es multifactorial. Algunos de ellos –agregó- tienen que ver con la alimentación y la falta de actividad física, y dentro de la primera, todo lo relacionado con el hogar, la preparación de alimentos, la cultura alimentaria, los costos y la industria.

Incluso, continuó, habría que reconocer otro aspecto que tal vez no se toma mucho en cuenta, pero que también podría afectar la manera en cómo nos alimentamos en nuestros hogares, que es la guerra que se tiene entre Rusia y Ucrania y que ha afectado en el transporte y la venta de combustibles, lo cual impactará de una u otra manera durante el proceso. 

De igual manera, destacó, hay tres aspectos relacionados con el combate al sobrepeso y la obesidad: la responsabilidad personal, que tiene que ver con las decisiones al elegir el tipo de alimentación; el compromiso y deber gubernamental, porque son ellos quienes deben favorecer las buenas conductas y restringir las nocivas, y por último, la tarea corporativa de ofrecer la mejor alternativa para la población.

Asimismo, el también profesor en el Centro Universitario de Ciencias de la Salud en la Universidad de Guadalajara y en la Universidad Antropológica de Guadalajara recomendó que para tener una dieta sana con presupuestos austeros es importante elegir alimentos de origen vegetal frescos, como frutas, verduras, cereales, leguminosas y algunas oleaginosas, así como preferir alimentos locales y no buscar aquellos que vienen de distancias lejanas.  

“Además de que los alimentos frescos y de origen vegetal brindan importantes beneficios a la salud, suelen tener menor huella de carbono e hídrica y menos impacto nocivo al medio ambiente”, añadió.

Por último, el experto en salud pública sugirió que para frenar este problema de salud pública se puede aprovechar todo lo que ya se ha trabajado anteriormente, no solo en los años recientes, sino también tomar en cuenta el trabajo realizado en esta materia durante las administraciones de Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón.“Las recomendaciones pudieran ser estas: fortalecer las acciones que ya se han tomado con anterioridad, como dar robustez al Impuesto Especial a Productos y Servicios, subirlo 20 o 25%; fortalecer y ser estrictos con las reglas de restricción de la publicidad; reforzar el tema del etiquetado nutrimental respecto a su cumplimiento y confiabilidad, así como buscar complementos educativos a esta herramienta; dar mayor firmeza a la estrategia de los espacios libres de ‘comida chatarra’ en el sistema educativo nacional, así como analizar la propuesta de restringir la venta de estos productos a menores de 18 años o de otra edad, en particular como menores de 16 o menores de 11 años”, concluyó.

Infantes con sobrepeso u obesidad tienen mayores riesgos en su salud: Felipe de Jesús Anguiano Vázquez

Aun en su corta edad, los menores con sobrepeso u obesidad pueden padecer también colesterol alto, trigliceridemia y malnutrición que, a la larga, representará una persona adulta con una reducción importante en su calidad de vida.

Lo anterior lo señaló, en entrevista exclusiva para el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), el licenciado en Nutrición Felipe de Jesús Anguiano Vázquez.

“Lo grave aquí es que estas enfermedades comienzan a aparecer desde pequeños, por ejemplo, con la obesidad se puede padecer diabetes tipo 2, hipertensión o dolores articulares; un niño que desde pequeña edad comienza a padecer sobrepeso, sus rodillas no se desarrollan adecuadamente, sus huesos y articulaciones se ven afectados, lo cual, a la larga, puede provocar que el menor, cuando sea un adulto esté enfermo y también pueda ocasionarle problemas económicos, culturales, psicológicos y sociales”, explicó.

Al referirse a los riesgos en la salud física que sufre este grupo poblacional, el experto sostuvo que también están los de tipo emocional, donde se puede estar expuesto a depresión, ansiedad y baja autoestima. “Estos pueden ser más peligrosos, porque si un menor la manifiesta, difícilmente va a aceptar un cambio en su alimentación, sobre todo si ésta representa, para él o ella, un desahogo de sus problemas; muchas veces alimentarnos resulta satisfactorio y nos ayuda a olvidarnos un poco de nuestros problemas, pero si el niño utiliza esa alimentación como algo para alejarse de sus problemas, puede llevarle a tener otros inconvenientes”, añadió.

Respecto a las acciones que se pueden impulsar por los padres de los infantes, en el ámbito escolar y las autoridades, el especialista indicó que los responsables de las y los niños, más que preocuparse por la alimentación de sus hijos, deben ocuparse de ello, lo cual puede resultar complejo por el tema laboral.

En el tema de las escuelas, continuó, se debe tener más control en la venta de alimentos dentro de los planteles escolares, además de promover mayormente la práctica de actividad física, lo cual puede ayudarle, además, en aspectos como la socialización y el desarrollo, entre otros.

Y por parte de los gobiernos, estimó oportuno favorecer la creación y desarrollo de políticas encaminadas a la mejora de la salud o a la prevención de la salud de los niños. En la medida en que se pueda trabajar juntos y se propicien espacios o ambientes saludables, los menores tendrán mayores oportunidades de elegir la mejor opción.

Entre las estrategias para la prevención de esta condición, el también colaborador del proyecto de Capacidad Funcional del Programa estatal Recrea, Escuela para la Vida, donde se mide, evalúa y determina el estado de bienestar físico y nutrimental de las niñas, niños y adolescentes del estado de Jalisco, dijo que éstas pueden ser sencillas, pero a la vez, complicadas, como establecer rutinas de actividad física para niñas y niños, y trabajar un plan de educación en nutrición encaminado a ellos, donde puedan identificar lo que es una alimentación saludable y lo que puede representarles en su futuro.

Por último, explicó que uno de los factores que más afecta la vida de los infantes que padecen sobrepeso y obesidad es la estigmatización, la cual se da, principalmente, entre niños y en los contextos escolares, donde es bastante común ver que los estudiantes menores empiezan a señalar a sus compañeros con sobrepeso u obesidad, sobre todo, cuando están en una clase de educación física y no pueden realizar algunas actividades, entonces se suelen burlar de él o de ella y ridiculizarles, y esto puede afectarles y generarse un círculo vicioso.

La inseguridad y el uso excesivo de aparatos electrónicos han provocado mayor sedentarismo: Kenny Nallely Luna Magaña 

  • Más actividad física y una alimentación sana para evitar el sobrepeso y la obesidad

Aun cuando la obesidad y el sobrepeso tienen un origen multifactorial en el que confluyen la genética, el sexo, el entorno, la educación, así como la mala alimentación, la creciente ola de inseguridad y los medios electrónicos también inciden,  al generar personas cada vez más sedentarias.

Así lo afirmó en entrevista exclusiva para el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), la licenciada en Nutrición y maestra en Nutrición Aplicada, Kenny Nallely Luna Magaña.

La especialista explicó que el sedentarismo y el excesivo uso de aparatos electrónicos son algunos de los varios factores sociales que están impactando más en las y los mexicanos ante dicho padecimiento.

“Antes los niños podían salir tranquilamente a jugar a la calle, a patear una pelota, a jugar con sus amigos o vecinos, sin embargo, ahora nos sentimos inseguros y con incertidumbre de que pueda suceder algo”, apuntó.

Además –añadió-, ahora se puede tener más fácil acceso a los medios electrónicos y a las redes sociales. Esto es una realidad -apuntó- a la que la sociedad debe adaptarse y buscar sacar el mayor provecho de esas herramientas, evitando el sedentarismo al pasar mucho tiempo sentadas o sentados.

Asimismo, al definir el concepto de obesidad, la experta destacó la necesidad de una nueva perspectiva en donde no solo se acote al incremento del tejido adiposo al cuerpo. “El mejor término para definir esta patología es como una enfermedad crónica basada en la adiposidad en la cual no solo nos vamos a basar en el índice de masa corporal, sino también en el porcentaje de grasa y, precisamente en el adipocito, que es la célula que está involucrada con el aumento de grasa, el incremento de peso y todas las enfermedades crónico degenerativas que esto conlleva”, precisó.

Para atender esta problemática, la también especialista en Salud Pública subrayó la importancia de promover una vida saludable, que acompañe una dieta sana y actividad física; disminuir la cantidad de hora que pasamos sentados y buscar información confiable y sustentada científicamente.

Respecto a las restricciones que uno mismo como persona se pone en medio de un clima de inseguridad, finalmente destacó la necesidad de implementar actividades físicas en casa, así como disminuir el consumo de alimentos ultraprocesados.

Diferencias entre actividad física y deporte… y cómo alimentarse para cada una

*La confusión entre ambas puede derivar en una alimentación no adecuada: Ángela Patricia Bacelis Rivero

Si bien los beneficios que tenemos al movernos, ya sea realizando un deporte específico o simplemente con un poco de actividad física, como caminar, contribuyen para tener mayor salud y bienestar, es necesario comprender la diferencia entre uno y otro para elegir una alimentación adecuada. 

Lo anterior, lo refirió en entrevista exclusiva para el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), la maestra en Nutrición en el Ejercicio Físico y Deporte y doctora en Ciencias de la Cultura Física, Ángela Patricia Bacelis Rivero, quien al explicar la diferencia entre actividad física y deporte, especificó que este último es un tipo de actividad física, la cual es cualquier cosa que gasta energía. El deporte –aclaró- gasta energía, pero con la característica de que tiene reglas, se practica en un lugar específico y es de carácter competitivo. 

Tanto en la actividad física como en el deporte, la alimentación es crucial en lo que respecta el gasto de energía…

La especialista también señaló que realizar un deporte implica consumir más alimentos de los que habitualmente hace cualquier persona, pero cuando se habla de un deportista joven, sobre todo, en la etapa de crecimiento (escolares y adolescentes), es importante asegurar que lo estén haciendo de forma adecuada y, a la par de ello, ajustar algunas estrategias para tener mejor rendimiento. 

“Algo que uno se puede encontrar en los deportistas jóvenes es que usualmente van a consumir cantidades de alimentos muy grandes, por lo que es conveniente cuidar que esa cantidad de comida sea de calidad, básicamente ese es el principio general”, precisó.

La también docente universitaria recomendó a los deportistas jóvenes evitar que dependan de ciertas sustancias que probablemente no van a formar parte de su dieta, como los alimentos con alta densidad energética, así como el uso desmedido de suplementos, en la medida de la posible, toda vez que se ha visto que pueden ser un factor de riesgo. 

Tanto en la actividad física como en el deporte, la alimentación es crucial en lo que respecta el gasto de energía, subrayó, además, de que la nutrición deportiva puede ayudar para alcanzar los objetivos más básicos hasta los más específicos.

“Algo que uno se puede encontrar en los deportistas jóvenes es que usualmente van a consumir cantidades de alimentos muy grandes, por lo que es conveniente cuidar que esa cantidad de comida sea de calidad, básicamente ese es el principio general”, precisó.

Al hablar sobre la relevancia del deporte en un país con 7 de cada 10 adultos con obesidad, la experta sostuvo que practicarlo muchas veces implica un gasto energético que va con el tipo de vida saludable, pero más que pensar en el deporte clásico, como fútbol o básquetbol, también se puede considerar la actividad física, que tiene mayor impacto en la población mexicana, porque el hecho de que las personas se muevan comúnmente permite tener un factor de protección contra el sobrepeso y la obesidad con cosas tan sencillas como gastar un mínimo de 600 calorías, lo cual puede ser bastante benéfico en la población en general.

Particularmente en los menores de edad comentó que es importante incentivarlos, respetando los gustos de los niños o las niñas, porque es muy común encontrarse con que al papá o a la mamá le gusta el fútbol o el volibol y mete a sus hijos a practicar esa actividad, pero no lo aprovecha, porque posiblemente no le gusta y de ello puede depender que se quede a practicar el deporte y no sea solo pasajero. Igualmente, es muy recomendable que se exponga a los niños a diferentes actividades para que les conozcan y participen. 

Hablando específicamente de las más mamás o los papás, es muy importante tener en mente que el hecho de que un hijo practique algún deporte implica diferentes responsabilidades, como llevarlo, incentivarlo y motivarlo, cuando se trata de un niño muy pequeño, resaltó. 

Y en lo que corresponde a la alimentación, dijo que es básico involucrarles en la preparación de alimentos y la elección del menú, además de que es un tema que está muy relacionado con el ejemplo, “si uno como papá se pone de referencia y nos alimentamos adecuadamente, es muy probable que los hijos continúen con ese hábito, concluyó.

Obesidad, causa indirecta de enfermedad renal: Cindy Hernández Vázquez

  • La diabetes y la hipertensión son enfermedades crónico degenerativas que pueden complicar la función de los riñones 

La preferencia por la alimentación occidental, caracterizada por ser rica en productos ultraprocesados y el poco consumo de frutas, verduras y fibras, sumado a la falta de actividad física, puede desencadenar varios problemas en la salud, entre ellos, piedras o tumores en los riñones, así como alteraciones en la glucosa, resistencia a la insulina y, posteriormente la diabetes o hipertensión, y cuando todo se agrava, llegar a una enfermedad renal.

Lo anterior lo destacó en entrevista para el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), la licenciada en Nutrición Cindy Hernández Vázquez. 

Al detallar qué es una enfermedad renal, la experta explicó que se caracteriza por la pérdida de las unidades funcionales de los riñones, es decir, las nefronas, lo cual a su vez hace que disminuya la capacidad de este órgano para mantener la salud corporal, toda vez que no se logra una buena filtración de la sangre.

“En general, lo que se recomienda es llevar un plan de alimentación personalizado, regularmente modificado en proteínas, por ejemplo, en etapa de prediálisis, el consumo de éstas debe ser mínimo, para no hacer que trabaje de más el riñón por el exceso de filtración; también se tiene que realizar actividad física, además de tomar el tratamiento médico que recomiende el nefrólogo”

Sobre si la obesidad y el sobrepeso influyen en el desarrollo de la enfermedad renal, subrayó que es una causa indirecta para las comorbilidades que ocasiona, como la diabetes, hipertensión y glomerulonefritis, que es la inflamación en el glomérulo y donde la parte de los riñones que ayuda a filtrar los desechos y líquidos de la sangre se daña.

Por otro lado, añadió, también existe riesgo cuando hay una acumulación de  grasas, lo cual puede ocasionar que se vean afectadas las células de los riñones.

Las medidas para quienes padecen esta enfermedad, dijo, dependen de la personalización de cada individuo, porque una persona con enfermedad renal, incluso tenga o no diabetes, reacciona muy distinto por los diversos síntomas o factores de riesgo que experimente.

“En general, lo que se recomienda es llevar un plan de alimentación personalizado, regularmente modificado en proteínas, por ejemplo, en etapa de prediálisis, el consumo de éstas debe ser mínimo, para no hacer que trabaje de más el riñón por el exceso de filtración; también se tiene que realizar actividad física, además de tomar el tratamiento médico que recomiende el nefrólogo”, mencionó.

Al referir cómo es posible prevenir esta condición, la especialista en nutrición renal señaló que adicional al plan de alimentación, es importante tener cuidado en consumir alimentos con exceso de grasas saturadas o grasas trans, disminuir el uso de la sal, además de vigilar el consumo de fibra y tener un adecuado consumo de agua natural.

Por último, habló sobre cómo mejorar la calidad de vida de este grupo de personas y detalló que ello es posible a partir del trabajo conjunto con un equipo de salud multidisciplinario para personalizar lo más posible el estadío renal en el que se encuentra la persona, es decir, si tiene alguna terapia sustitutiva renal, si está en diálisis, hemodiálisis e incluso, para los que están en proceso de trasplante. 

Es importante mencionar que las personas que están sanas no deben automedicarse o consumir productos que puedan causar toxicidad en los riñones sin la supervisión de un profesional, concluyó.

Educación, clave en la prevención de enfermedades no transmisibles: Vicente Sulub Pérez

  • Existen múltiples factores que desencadenan estos padecimientos

Las enfermedades no transmisibles (ENT) son aquellas afecciones médicas que no son infecciosas ni se transmiten entre personas, suelen ser de larga duración y resultan de la combinación de diversos factores, como los genéticos, fisiológicos, ambientales y conductuales; las principales son las cardiovasculares, como ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares; la diabetes; distintos tipos de cáncer y algunas enfermedades respiratorias, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y el asma.

Así lo refirió en entrevista para el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), el Licenciado en Nutrición, especialista en Salud Pública y Máster en Nutrición Clínica, Vicente Sulub Pérez, quien habló de algunos de los detonadores de las mismas.

Explicó que la nutrición es uno de los varios factores que influyen para el desarrollo de las ENT, por lo que es clave consolidar una educación que ayude a sensibilizar a las personas respecto a su alimentación.

De acuerdo con el experto, algunas de las maneras de prevenir las enfermedades crónicas, como la diabetes, es atenderlas desde antes del nacimiento, mantener la lactancia materna, mejorar los hábitos de sueño y descanso, así como tener un mayor control en el manejo de las emociones, además de realizar actividad física. 

“Es fundamental trabajar en esta pandemia del sobrepeso, la obesidad y la diabetes con un tratamiento integral, se deben atender todos los aspectos en una persona de cualquier edad”, aseguró.  

Aunado a ello, detalló que la diabetes es uno de los grandes problemas en nuestro país porque, por un lado, tenemos los primeros lugares de obesidad a nivel infantil y en adultos y, por el otro, hay casos de desnutrición.

“Si la historia natural nos dice que un niño desnutrido es obeso y un niño obeso tiene riesgo de presentar diabetes, asma o algunos tipos de cáncer, es importante considerar que debe haber un mayor trabajo en las políticas públicas. Sería bueno que se implemente la educación en salud, desde una visión integral, además de fomentar la sensibilización de que la prevención es lo importante de la ciencia de la nutrición, porque previene y rehabilita, por lo que es preciso aprender a llevar una alimentación correcta -que no tiene que ser costosa-, sino que se dé a partir de una cultura alimentaria y el acceso a los alimentos”, subrayó.

Respecto a cómo manejar el hecho de que una persona sea diagnosticada con alguna de las enfermedades no transmisibles, el también Coordinador del Departamento de Nutrición en el Centro de Salud de Mérida, Yucatán, refirió que adicional al tratamiento médico, debe recibir atención psicológica, para comprender el diagnóstico y aceptar esa nueva forma de vida, toda vez que se trata de una oportunidad de vivir de mejor manera para prevenir las complicaciones. 

Además, añadió, es importante tener voz y voto a la hora de definir su tratamiento farmacológico, nutricional y de actividad física, porque desafortunadamente son enfermedades que van evolucionando y si no hay un buen control, se va perdiendo y se van complicando cada vez más.

Aunado a ello, sostuvo que las enfermedades mentales, como la depresión y la ansiedad, juegan un papel clave en el desarrollo de estos padecimientos, toda vez que se pueden conjuntar varias circunstancias. “Por ello, se deben romper paradigmas y ser más humanitarios en la atención que se brinde al paciente. Es importante que para que se pueda hablar de calidad de vida, haya calidad en la atención y un trato más humano”, concluyó.

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