Impuestos y salud pública

  • Se requiere coordinación intersectorial y  mayor  educación nutricional 
  • Obesidad un fenómeno multifactorial

Como parte de los esfuerzos para frenar la epidemia del sobrepeso y la obesidad, se ha puesto enfoque en gravar las bebidas y alimentos que se perciben como asociados con esta enfermedad multifactorial y se ha comprobado que el aumento a los impuestos reduce, de alguna manera, el consumo de estos productos.

Sin embargo, una investigación difundida por la editorial londinense Dovepress, del grupo Taylor & Francis, señala que los resultados de disminución de peso, Índice de Masa Corporal y obesidad no son estadísticamente significativos solamente por el aumento de impuestos. (1)

El éxito de estas políticas requiere coordinación intersectorial, educación nutricional y transparencia en la asignación de los ingresos. Sin un enfoque multidisciplinario, el impuesto a alimentos y bebidas azucaradas corre el riesgo de convertirse en una decisión controvertida que simplemente funcione como mecanismo recaudatorio, refiere una investigación publicada por la plataforma ResearchGate, consultada por el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO). (2)

La explicación se encuentra en un fenómeno llamado inelasticidad: que es simplemente cuando un producto –incluso con precios más altos– mantiene su nivel de consumo y preferencia.  A ello se suma la limitada transparencia sobre el destino de los ingresos recaudados sin evidencia clara de reinversión en salud pública. (3)

En nuestro país, la propuesta fiscal para 2026, vía el proyecto de Ley de Ingresos, plantea un incremento considerable en los impuestos a productos con alto contenido calórico. 

Según este proyecto, las bebidas azucaradas duplicarán su cuota del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), al pasar de 1.6451 a 3.0818 pesos por litro (casi el doble) e impactando en el precio final al consumidor. A ello se suma también la inclusión de los edulcorantes dentro del esquema impositivo, al considerarse su uso en diversas formulaciones industriales de bebidas procesadas. 

Dicho ajuste fiscal se aproxima al umbral recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que sugiere gravámenes de hasta 20 % para desalentar el consumo de productos con alto contenido de azúcar, aunque afirma que este tipo de impuestos debe ir acompañado de políticas complementarias para lograr transformar de manera sostenida los hábitos de salud de la población. (4)

Un informe del Banco Mundial refiere que desde 2014 el caso mexicano ofrece resultados mixtos: durante el primer año del impuesto a las bebidas azucaradas, las compras cayeron 6 %; en el segundo, 9.7 %, con reducciones más marcadas en hogares de bajos ingresos. Pese a ello, la recaudación por IEPS no petrolero —que incluye estos productos— se estabilizó y siguió creciendo, de acuerdo con el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP). (5)

Aunado a ello, diversos especialistas sostienen que la obesidad es un fenómeno complejo en el que inciden factores genéticos, ambientales, emocionales, sociales, así como el entorno, y que demanda diversas acciones de los gobiernos y de la sociedad en su conjunto, más allá del alza de impuestos a alimentos, bebidas azucaradas y productos que contienen edulcorantes bajos en calorías o sin calorías.  

Fuentes

  1. Maniadakis N, Kapaki V, Damianidi L, Kourlaba G. A systematic review of the effectiveness of taxes on nonalcoholic beverages and high-in-fat foods as a means to prevent obesity trends. Clinicoecon Outcomes. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3810203/?utm_source=
  2. The effectiveness of sugar tax in controlling sugar consumption June 2025. https://www.researchgate.net/publication/393150620_The_effectiveness_of_sugar_tax_in_controlling_sugar_consumption
  3. Tello, X. (2025, 10 de septiembre). Impuesto a refrescos es recaudatorio; no está destinado a salud. W Radio México. https://wradio.com.mx/2025/09/10/impuesto-a-refrescos-es-recaudatorio-no-esta-destinado-a-salud-xavier-tello/
  4. World Health Organization. (2023). Global report on the use of sugar-sweetened beverage taxes to reduce noncommunicable diseases.World Health Organization.  https://hpfhub.info/wp-content/uploads/2023/12/Global-Report-on-the-Use-of-Sugar-Sweetened-Beverage-Taxes-WHO-2023.pdf
  5. Maldonado, N., Ozer, C., & Veillard, J. (2025). Reformando los impuestos saludables para mejorar la salud en México (Notas de Conocimiento en Impuestos Saludables #8). Banco Mundial. https://documents1.worldbank.org/curated/en/099082725115554902/pdf/P179882-e26d15c9-2912-4b34-93a8-7a3598c19e54.pdf#:~:text=impuesto%20llev%C3%B3%20a%20que%20los,y%20el%20az%C3%BAcar%20de%20las
    Ortiz Gallardo, M. A. (2014, 3 de septiembre). La recaudación del IEPS No Petrolero. Centro de Investigación Económica y Presupuestaria. https://ciep.mx/la-recaudacion-del-ieps-no-petrolero/#:~:text=En%20la%20Ley%20de%20Ingresos,toxicidad%20aguda%2C%20el%20cual%20oscila

Positivo IEPS a refrescos; urge considerar a papitas, galletas y pastelitos

  • La política fiscal debe incluir el universo completo de productos con excedente de nutrientes críticos.

Ciudad de México a 06 de septiembre de 2020.- Generar una política fiscal que de verdad combata la obesidad, pasa por ampliar el análisis para incluir en el debate del Impuesto Especial sobre Productos y Servicios (IEPS) a todas las industrias y productos ultraprocesados que en la última década han causado estragos en la salud pública.

Reconocer que la obesidad es un problema multifactorial en el país, es el primer paso para diseñar estrategias que tomen en cuenta impuestos globales a bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, activación física y campañas educativas.

El planteamiento del Congreso de la Unión de aumentar el IEPS a refrescos debe ampliar el análisis sobre qué otras industrias y productos, con base en la evidencia científica, deben tener este impuesto especial.  

La Organización Panamericana de la Salud es enfática al respecto: las bebidas azucaradas aportan un tercio (28%) de todas las calorías provenientes de productos ultraprocesados consumidas en Latinoamérica. Y el 72% restante proviene de los alimentos procesados, que contienen azúcares, altas cantidades de grasa y sodio, en un contexto en donde México mantiene un consumo alarmante, pues somos el mercado minorista de snacks más grande en la región y el de mayor crecimiento esperado.

La misma OPS, en información que ha sido retomada por el Instituto Nacional de Salud Pública, advierte que en el país se consumían 214 kg de alimentos ultraprocesados por persona en 2014, en los últimos datos disponibles. Esta circunstancia nos coloca en el primer lugar en América Latina. En México, las industrias de las papas fritas, galletas y snacks son de las más importantes, sobre todo entre niños de 5 a 11 años de edad, quienes las consumen regularmente, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud 2018, la más reciente disponible.

De igual manera, a nivel nacional se ha seguido la tendencia estadounidense donde hasta un 40% de la población ha sustituido comidas completas por snacks, botanas y dulces, de acuerdo con información del Tetra Pak Equity Tracking 2019, retomada por Milenio. Lo anterior serviría para explicar los crecientes índices de obesidad y otras enfermedades con componentes metabólicos como la hipertensión y la diabetes en el país.

Para poner lo dicho en perspectiva basta con decir que los mexicanos registran la adquisición más alta de artículos de uso masivo en el mundo, especialmente en snacks, botanas y dulces, conforme a lo publicado por el estudio Brand Footprint.

En las principales ciudades mexicanas, donde el problema de la obesidad es más grave, el mercado de “snacks” sumó un valor de más de 53 mil millones de pesos según datos de Kantar Worldpanel. Si dividimos esta cantidad entre la población mexicana, representa un gasto de más de 417 pesos por persona en estos papitas, galletas o pastelillos.

En lo que refiere a cárnicos, aunque estos han sido señalados por la Organización Mundial de la Salud como cancerígenos y aunque contienen altas cantidades de sal y grasas dañinas, su consumo fue de 973 mil toneladas durante 2018, de acuerdo a lo indicado por Comecarne, lo que equivale a alrededor de 7.5 kilos por persona al año.

Los productos preferidos en esta área son los jamones y salchichas de pavo, que han sido señalados por la Profeco por no llegar a los grados nutricionales recomendados y, en algunas ocasiones, contener otras fuentes de proteína no señaladas.  

Tanto la Organización Mundial de la Salud como la Organización Panamericana de la Salud han alertado en numerosas ocasiones sobre las tendencias de consumo de estos productos, que incluyen por lo menos 21 industrias, entre ellas la refresquera y de bebidas azucaradas.

Por ello, es positivo que la política fiscal contemple, un aumento del IEPS a refrescos y bebidas azucaradas, y que además   se aplique el impuesto especial a alimentos ultra procesados, hipercalóricos, comidas rápidas y suplementos dietarios con bajo aporte nutricional que más inciden en el sobrepeso y la obesidad de los mexicanos para que, con base en datos y evidencia científica, se establezcan políticas públicas encaminadas a reducir estas tendencias.

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