Cuidar la flora intestinal para envejecer mejor

  • Los hábitos alimenticios, cruciales para un intestino sano.
  • Para obtener una buena salud digestiva, se recomienda mantener una dieta variada; reducir el consumo de carne  

 procesada e ingerir grasas de buena calidad.

Los hábitos alimenticios poco saludables comprometen el desarrollo de una microbiota intestinal sana en la adultez, lo que sumado al deterioro de las funciones del tubo intestinal a lo largo de la vida, en mayor o menor medida, afectan el sistema inmunológico e inflamatorio y pueden influir en la longevidad de las y los individuos, además de contribuir a generar condiciones crónicas de salud durante la vejez.

Información consultada por el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO) revela que la dieta es un factor preponderante en la preservación y cuidado de los microorganismos del intestino; en suma, nuestra microbiota modula el proceso de envejecer. (1)

Un estudio publicado en la Revista Española de Geriatría y Gerontología destaca que las personas que han podido envejecer de mejor forma mantienen bastante estable la composición de su flora intestinal entre la tercera y la séptima décadas de la vida, aun cuando la capacidad funcional de la misma disminuya. Asimismo, concluye que es posible modificarla en sentido positivo, actuando directamente a través de la dieta. (2)

Por otro lado y de acuerdo a diversos especialistas, es un hecho que la microbiota también resulta afectada por muchos otros factores, además de los cambios fisiológicos que ocurren con la edad, como pueden ser algunas enfermedades e igualmente por el empleo de determinados fármacos, fundamentalmente los antibióticos, pues estos disminuyen los microorganismos beneficiosos e incrementan los patógenos resistentes. 

Algunos padecimientos que afectan el tubo intestinal y que pueden modificar la composición de la microbiota son la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn (inflamación intestinal); entre los metabólicos están la diabetes mellitus tipo 2 y la obesidad. Además, los cambios en el microambiente intestinal se han asociado a muchas enfermedades comunes, como las cardiovasculares, el síndrome del intestino irritable, la obesidad y el asma. (3)

En los últimos años, diversas publicaciones especializadas parecen demostrar que las leches fermentadas, principalmente el yogur, ejercen una influencia positiva en la calidad de vida en las personas de edad avanzada, incluso algunos estudios muestran que el mayor consumo de yogures se asoció a un menor desarrollo de síndrome metabólico en sujetos de alto riesgo cardiovascular.

Otros hallazgos destacan que la reducción de la diversidad de la flora intestinal y de sus capacidades metabólicas en edades avanzadas, tales como el bajo nivel de ácidos grasos, pueden conducir a incrementos del tiempo del tránsito intestinal (estreñimiento). (4) 

Al mismo tiempo, la microbiota es considerada como un nuevo factor implicado en el manejo del peso corporal, al participar en el metabolismo energético a través de la dieta y en la regulación del almacenamiento de la grasa corporal o en el control de la oxidación de los ácidos grasos. En contraste, parece ser que los cambios en los microorganismos o bacterias que se encuentran en el intestino también pueden jugar un papel decisivo en la anorexia nerviosa, con la grave pérdida de peso que se produce, incluso en los trastornos mentales (ansiedad y depresión) que se asocian. (5)

Ante tal escenario, expertos han recomendado que para obtener una buena microbiota intestinal y una salud digestiva se debe: evitar el estrés, el consumo de tabaco y alcohol, así como el sedentarismo; dormir lo suficiente; hacer ejercicio; mantener una alimentación diversa en frutas, verduras y fibra; reducir el consumo de azúcares refinados, grasas saturadas y carne procesada; incluir alimentos fermentados y grasas de buena calidad, además de cocinar de forma saludable. (6)

Fuentes:

1.- José Manuel Ribera Casado. “Microbiota intestinal y envejecimiento: ¿un nuevo camino de intervención?” Revista Española de Geriatría y Gerontología, Volumen 51, Issue 5, 2016, páginas 290-295. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0211139X16000147?casa_token=6ARSgspCXT8AAAAA:jeCntOz1sOj7l-p4NF4f3dXi-IvRTUr2cwUO6Ofp-zJP4Kt8S1xJuZFnDOBlZXSYs5YkrEb-yq3K

2.- Ibidem.

3.- Ibidem.

4.- Contreras AR, Cabrera RI. “Microbiota intestinal y envejecimiento”. Geroinfo. 2020;15(1).

https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=95980

5.- Juan Sebastián Domingo y Clara Sánchez Sánchez. “De la flora intestinal al microbioma”. Rev. Española de Enfermedades Digestivas. vol.110 no.1, Madrid, ene. 2018.

https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1130-01082018000100009

6.- Fundación Española del Aparato Digestivo. “Una microbiota sana protege frente a gérmenes y refuerza el sistema inmunitario intestinal”. 29 de mayo de 2020.

https://www.saludigestivo.es/una-microbiota-sana-protege-frente-germenes-refuerza-sistema-inmunitario-intestinal/

Un sistema alimentario seguro debe ser abordado de manera multisectorial: Livia Zamora Contreras

  • La inseguridad alimentaria empeora la dieta de las personas, al presentarse diversas situaciones de malnutrición.

El sistema alimentario seguro, en el que se garantice la disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y utilización de los alimentos, es un desafío muy complejo que debe ser abordado de forma multisectorial, señaló en entrevista para el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), la licenciada en Nutrición y maestra en Ciencias Alimentarias, Livia Natalia Zamora Contreras. 

En este contexto, la docente y responsable del Observatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional Región Xalapa, de la Facultad de Nutrición de la Universidad Veracruzana, hizo referencia a los cuatro pilares en los que se fundamenta la seguridad alimentaria.

El primero, explicó, habla sobre la disponibilidad de los alimentos principalmente los de la canasta básica, lo cual se refiere a la producción y existencia para su consumo; el segundo es sobre la accesibilidad, lo que significa  que estén a la disposición, en todo momento, para que las personas tengan acceso físico y económico para poder comprarlos.

La aceptabilidad y consumo son las características del tercer pilar, el cual es un poco más complicado porque en él se mezclan diversos factores, como los patrones de consumo, las costumbres, la escolaridad, así como los conocimientos y concepciones que tienen las personas acerca de los alimentos; en tanto que el cuarto pilar es el referente a su utilización y aprovechamiento biológico, lo cual tiene que ver con los efectos o problemáticas y enfermedades que surgen a partir de ingerirlos, detalló.

Por ello, consideró que cualquier estrategia para combatir la inseguridad alimentaria debe tener un enfoque transdisciplinario, donde estén involucrados diversos equipos y que se realice un trabajo intersectorial. 

La especialista apuntó que en las diferentes regiones se puede manifestar incertidumbre con la afectación de algún pilar, al observarse fenómenos como la volatilidad y alza en los precios de los alimentos de la canasta básica, así como la dificultad para tener acceso a ellos, lo cual puede derivarse de desastres naturales, estados de sequía, pérdida de la producción de los alimentos, además de los desperdicios que surgen a partir de su procesamiento, manejo, transporte y almacenamiento. 

“La transición alimentaria y nutricional que hemos padecido tiene una infinidad de determinantes, tanto económicos, políticos, sociales y culturales”, puntualizó.

En un estudio reciente acerca del estado de la seguridad alimentaria realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2020, precisó, se menciona que hay 690 millones de personas que padecen hambre en el mundo, lo que representa aproximadamente el 8.9% de la población mundial.

Y, derivado de la pandemia por Covid-19 –continuó-, a todos los efectos que se están presentando, principalmente económicos, podrían sumarse entre 83 y 132 millones más de habitantes que se encuentran subalimentados o padeciendo algún tipo de hambre. 

Asimismo, la especialista reconoció que la inseguridad alimentaria empeora la dieta de las personas, pudiéndose presentar situaciones de malnutrición, en sus diversas formas, que pueden ser estados de desnutrición, por carencia de alimentos o de nutrientes, así como también la contraparte: sobrepeso, obesidad y todas las enfermedades que derivan de estos padecimientos. 

En México por ejemplo, precisó, una de las varias consecuencias de la inseguridad alimentaria es la obesidad y el sobrepeso. “Según algunos datos, en 2018, aproximadamente el 75.2% de las y los adultos mexicanos de 20 años o más padecen sobrepeso y obesidad y con ello se observa que se está reflejando la inseguridad alimentaria en los ciudadanos” agregó.

Por otro lado, la experta habló sobre la tarea que lidera desde el Observatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional Región Xalapa, de la Facultad de Nutrición de la Universidad Veracruzana, el cual se conformó desde el año 2011 y surgió a partir de la necesidad de realizar un diagnóstico integral de la situación alimentaria en el ámbito local. 

Toda la información que se genera desde las diferentes dependencias gubernamentales e instituciones privadas es recolectada y sistematizada para elaborar diagnósticos integrales, explicó, y con ello, el observatorio pone a disposición del público en general, investigadores y, principalmente, de los tomadores de decisiones, herramientas visuales, a partir del mapeo de los 212 municipios que integran a Veracruz, donde se puede ver el comportamiento de los diferentes indicadores de los pilares de la seguridad alimentaria.

Uno de los proyectos del Observatorio que destacan es el mapa que permitirá visualizar con indicadores específicos, cuáles son los municipios más vulnerables en sufrir inseguridad alimentaria y nutricional, en el estado de Veracruz, y el cual está previsto sea un método para evaluar las estrategias de alimentación, que se implementen en la entidad, concluyó.

Conoce más sobre el trabajo del Observatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional.

Obesidad y sobrepeso, una antesala a la diabetes: Mariana Navarro Tovar, Nutrióloga

  • Las personas con aumento del tejido graso abdominal deben monitorearse ante la posibilidad de padecer diabetes.

Aun cuando la diabetes es un padecimiento multifactorial, la obesidad y el sobrepeso son un factor de riesgo para sufrir esta enfermedad que se asocia con una deficiencia absoluta o relativa de la producción de la insulina, así lo refirió en entrevista para el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), Mariana Navarro Tovar, Licenciada en Nutrición y Máster Internacional en Nutrición y Dietética con especialidad en Nutrición Clínica.

La también docente de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí habló sobre la prevalencia de esta enfermedad en México, y dijo que además de los adultos, cada vez más, menores de edad comienzan a adquirir este padecimiento, en algunas ocasiones de forma hereditaria, otras por inactividad física o por una mala alimentación.

Respecto a la dieta, la especialista advirtió la importancia de controlar el número de calorías que se consumen bajo la lógica de no aumentar de peso y con ello la adiposidad en el cuerpo, derivado de un proceso inflamatorio que termina por influir en la capacidad metabólica para producir insulina.

“Lo que sucede con las personas que son diagnosticadas con diabetes tipo 2 es que al comer carbohidratos de más, se genera un exceso de glucosa que circula en la sangre, por lo que se presenta toda la sintomatología y daños”, explicó quien también es presidenta fundadora del Colegio de Nutriólogos de San Luis Potosí, A.C.

El primer indicio, destacó, es el tejido graso, principalmente el acumulado en la región abdominal. “Cuando tenemos exceso de grasa corporal es necesario hacerse revisiones frecuentes, más aún si hay una carga familiar importante, es decir, si los padres, abuelos o tíos presentan diabetes. Esos serían los dos factores que hay que estar revisando: el incremento considerable de peso y en caso de que haya ese aumento de peso hacerse controles regulares en cuanto a la glucosa, y el aspecto hereditario”, consideró. 

En cuanto a la dieta para este sector poblacional indicó que no debe ser diferente a lo que es la recomendación de una dieta saludable. “En realidad, se deben incluir todos los grupos de alimentos, cuidando las cantidades en las que se consumen, pero siguiendo las mismas reglas: que sea completa en cuanto a los grupos;  suficiente, en cuanto a las cantidades de nutrientes en general, tanto calorías, como nutrientes específicos; equilibrada; inocua, y variada, que son los parámetros para la dieta de un paciente que padece diabetes”, precisó.

Sin embargo, detalló, los alimentos industrializados altos en calorías y azúcar pueden  generar un incremento importante de glucosa: todo lo que tiene que ver con carbohidratos simples y refinados o procesados, por ejemplo, azúcar de mesa; jugos, incluso naturales; golosinas; panadería, en general, y todos aquellos empacados a base de cereales y azúcar son los que hay que evitar o reducir el consumo en un paciente con diabetes.

Al señalar la relación entre la diabetes y la obesidad la experta mencionó que una de las principales causas de la diabetes tipo 2 es el exceso de tejido adiposo. “Al tener mucho tejido adiposo se presentan algunas situaciones de procesos inflamatorios; la resistencia a la insulina, que está muy asociada al incremento del tejido graso, permite que se desarrolle, como tal la diabetes, o que la termine de potencializar. Esto significa que entre más tejido graso se tiene, hay más posibilidades de presentar la resistencia a la insulina”, agregó.

Por último, recomendó acercarse siempre acercarse a expertos en la materia, ya que no hay nada mejor que una estrategia individual en cuanto a la prescripción de la dieta, así como lo que implica: el acompañamiento y asesoramiento. En la población en general que padece diabetes, resaltó, lo más importante es mantener una dieta correcta y de calidad; reducir lo más posible los productos empacados y preferir los alimentos naturales; hacer los tres alimentos del día (desayuno, comida y cena) y si es posible, dos colaciones, además de mantenerse activos físicamente, sin descuidar la prescripción médica.

¿Qué tan saludables son los bocadillos “saludables”?

  • Se han desarrollado productos supuestamente más nutritivos, pero que pueden contener más azúcares, sodio o grasas que otros.

Comer bocadillos entre comidas es un hábito saludable que aporta distintos beneficios, como controlar el hambre y mantener estable el metabolismo y el nivel de energía. Sin embargo, de acuerdo con información consultada por el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), la clave está en el tipo de alimento y en la aportación nutricional o ingredientes críticos que contengan.

En ese sentido y ante la búsqueda constante de las personas por una mejor alimentación, se encuentran en el mercado diversos productos para satisfacer estas necesidades, los cuales suelen anunciarse como “saludables”, cuando en realidad pueden contener más azúcares, sodio o grasas que otros. 

Un estudio realizado por la Revista del Consumidor señala que las barras de cereal se han convertido en un snack de moda, fácil de llevar y que suele consumirse como refrigerio, donde la oferta es grande y las marcas comercializan distintas formulaciones: con trigo, maíz, avena, arroz, frutas secas, jarabe de maíz, miel, azúcar, soya, chocolate, amaranto, quinoa y chía, entre otros; no obstante algunas se exceden en azúcares y/o grasas, nutrientes de los que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado disminuir su consumo. (1)

En este análisis realizado a 22 marcas se determinó el contenido total de sacarosa, glucosa, fructosa y lactosa debido a que es alto (hasta un 41 % por barra) y provienen de la adición de azúcar, mieles o jarabes, como el de alta fructosa o de agave u otros ingredientes.  Asimismo, se verificó el aporte calórico de las muestras, inclusive de las que dicen “sin azúcar adicionada”. Algunas sustituyen al azúcar por jarabe de agave, que proporciona el mismo aporte calórico que el azúcar (4 kcal por gramo), otras la sustituyen por polialcoholes (maltitol o sorbitol) equivalente a aproximadamente 2.4 kcal por gramo, mientras que otras añaden miel de abeja que aporta las mismas calorías que el azúcar.

Cabe destacar que una estrategia utilizada por algunas empresas de alimentos e identificada por especialistas es la de utilizar el término “saludable” en el etiquetado y promoción de productos que no lo son tanto.

En el mes de mayo de este año, en Estados Unidos, la Food and Drug Administration (FDA), órgano encargado de regular, entre otras cosas, los alimentos, abrió un proceso público para que los expertos actualicen el uso de dicho calificativo, con la idea de que las fórmulas e ingredientes tengan, de manera probada, una efecto beneficioso para la salud. (2)

Sobre la ingesta de bocadillos, la Escuela de Salúd Pública de Harvard revela que hay varias motivaciones para comerlos: hambre, cultura social / alimentaria, por distracción, aburrimiento, inseguridad alimentaria, así como el marketing, siendo los consumidores emocionales y los que se encuentran bajo estrés psicológico quienes suelen comer bocadillos con mayor contenido calórico. (3)

En lo que se refiere a las recomendaciones para un buen bocadillo, diversos especialistas sostienen que una porción de éstos debería ser suficiente para satisfacer la necesidad, pero no al grado de interferir con el apetito en la comida o agregue demasiadas calorías. Una regla general es apuntar a alrededor de 150-250 calorías por bocadillo, lo cual equivale a una manzana con una cucharada de mantequilla de maní o un queso en tiras con 6 galletas integrales. 

Respecto a los hábitos que los mexicanos tienen al hacer un refrigerio o colación, la consultora en mercados Kantar destaca que el 33% de los hogares consume frutas al mediodía y el 21% lo hace a media tarde, mientras que para finalizar el día y después de cenar, comen un pan y lo acompañan con su bebida predilecta, ya sea caliente o fría. (4)

Fuentes:

  1. Revista del Consumidor. (2019). Barras de cereal. Oct. 2021, de PROFECO Sitio web: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/474901/ESTUDIO_DE_CALIDAD_BARRAS_DE_CEREAL.pdf
  2. Use of the Term Healthy on Food Labeling. https://www.fda.gov/food/food-labeling-nutrition/use-term-healthy-food-labeling
  3. The Science of Snacking  https://www.hsph.harvard.edu/nutritionsource/snacking/
  4. Kantar. (2019). 33% de los mexicanos prefieren comer fruta al mediodía. Nov. 2021, de KANTAR Sitio web: https://www.kantar.com/latin-america/inspiracion/consumidor/33-de-los-mexicanos-prefieren-comer-fruta-al-mediodia

Más ansiosos y menos felices: resultado de lo que comemos

  • Pastelillos, helados, pizzas y hamburguesas en exceso podrían producir estrés y ansiedad.

A pesar de ser sabrosos y, en algunos casos, parecer reconfortantes, los productos ultraprocesados con alto contenido de grasas, sodio y azúcares, consumidos en exceso, podrían estar allanando el camino a mayor estrés y ansiedad y por ello, afectar la salud mental.

Lo anterior, lo advierte la investigación consultada por el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO) en la que especialistas observaron que en el reciente contexto de la pandemia por Covid-19, las personas que aumentaron su ingesta de postres, galletas, tartas, brownies, rosquillas, helados, papas fritas, así como alimentos de restaurantes de comida rápida como McDonald’s, Burger King y Domino’s, alteraron sus rasgos cognitivos y de apetito, circunstancia que terminó por impactar perjudicialmente en su estado de ánimo. (1)

Una explicación, aportada por otro estudio llevado a cabo en Estados Unidos y publicado en el Journal of Medicinal Food revela la conexión primordial entre el intestino y el cerebro, la cual radica en la capacidad del primero para producir, a partir de una microbiota sana, neurotransmisores como son la dopamima y serotonina, los cuales influyen en el estado de ánimo. (2)

Bajo esa lógica, refieren los expertos, tener una nutrición balanceada con base en alimentos naturales como son frutas, vegetales, pescado, huevos, nueces, semillas, frijoles, legumbres y fermentados como el yogur, mejora la calidad de microbiota en el intestino y con ello la salud mental, circunstancia que se revierte cuando los excesos de grasas, sodio y azúcares alteran dichos componentes bacterianos.

Las investigaciones en la materia son recientes, siendo una de las pioneras la hecha en Australia y Nueva Zelanda de un ensayo denominado “Smiles”, de 2017, cuando especialistas dividieron en dos a un grupo de personas que padecían depresión clínica y que refirieron mantener una dieta occidental, es decir, consumían alimentos azucarados, carnes procesadas, bocadillos salados, y muy poca fibra, proteínas magras, o frutas y vegetales. (3)

Al primer grupo se les brindó una atención rutinaria en términos psicológicos y farmacológicos, mientras que al otro —además de esos dos aspectos— se les asignó un especialista en nutrición que les diseñó una dieta en donde de reemplazaron los pastelillos, dulces y comida rápida por alimentos integrales como nueces, frijoles frutas y legumbres. Se les alejó de los cereales dulces en el desayuno que cambiaron por avena y dejaron de comer embutidos.

Entre los resultados observados, destaca que, si bien ambos grupos tuvieron una mejoría por la oportuna atención, el grupo que acató la dieta redujo de forma sobresaliente sus niveles de estrés y ansiedad frente a quienes no modificaron su forma de comer.

En el campo conocido como psiquiatría nutricional destaca otro estudio, en donde se revela el vínculo entre los trastornos depresivos graves y la ingesta insuficiente de ácidos grasos omega-3, fundamental en el cuidado y desarrollo del sistema nervioso central. (4)

Y es que, a pesar de que la depresión es una condición extremadamente compleja y heterogénea se logró identificar una correlación entre el consumo de pescados y mariscos (fuentes de omega-3) con la protección contra la depresión posparto, el trastorno bipolar y el trastorno afectivo estacional, pues en los países de mayor ingesta de éstos la ideación suicida es, incluso, muy baja.

Entre otras fuentes originales de Omega-3 destacan los aceites de linaza, cáñamo, canola y nuez son, en general, fuentes ricas del omega-3 original.

Cabe destacar que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), a nivel global, la depresión se ubica como la principal causa de discapacidad y contribuye de forma muy importante a la carga mundial general de morbilidad, afectando más a la mujer que al hombre. (5)

Fuentes:

1.- COVID-19 Stress and Food Intake: Protective and Risk Factors for Stress-Related Palatable Food Intake in U.S. Adults Jennifer R. Sadler, Gita Thapaliya and Susan Carnell. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC8000206/#B26-nutrients-13-00901

2.- The Gut Microbiome and the Brain. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4259177/

3.- A randomised controlled trial of dietary improvement for adults with major depression (the ‘SMILES’ trial). Felice N Jacka et al. BMC Med. 2017. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28137247/

4.- Omega-3 fatty acids and major depression: A primer for the mental health professional. Alan C Logan. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC533861/

5.- Depresión – WHO | World Health Organization. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/depression

La crisis sanitaria que hemos vivido debe abrir paso a mejorar la nutrición de infantes en el país: María Enriqueta Velázquez

*Los menores en México padecen una doble carga nutricional: obesidad y desnutrición

La crisis sanitaria derivada de la pandemia por Covid-19 en el país debe convertirse en una oportunidad para revertir la grave problemática alimenticia entre menores de edad en el país.

Lo anterior lo destacó en entrevista para el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), la licenciada en Nutrición y maestra en Nutrición Clínica María Enriqueta Velázquez, quien advirtió de la doble carga que padecen los infantes en México: obesidad y desnutrición.

Ambas problemáticas, refirió, son multifactoriales, toda vez que responden a dinámicas particulares en el ámbito social, cultural y económico, tales como la falta de ejercicio y poco acceso a alimentos sanos y de calidad, además del sedentarismo provocado por la inseguridad.

“Son estas dos vertientes, la pobre o inadecuada alimentación y la falta de ejercicio desde la primera infancia, que con la pandemia por Covid-19 se vinieron a acrecentar ambos problemas”, precisó.

En lo que se refiere a la alimentación, mencionó que con base en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018 (ENSANUT), es posible afirmar que no se tienen buenos datos de la nutrición en los menores de edad de nuestro país, toda vez que, por ejemplo, el 22.2% de los niños de 0 a 4 años (nivel preescolar) se identifica con riesgo de sobrepeso; el 35.6% de los niños escolares tienen sobrepeso y obesidad, y en los adolescentes el porcentaje sube hasta casi 40%, por lo que México es uno de los países con más prevalencia de sobrepeso y obesidad en niñas y niños.

El asunto no termina ahí –agregó-, porque a la par de que existe el problema de obesidad, también está, por otro lado, lo que se llama la doble carga de malnutrición, porque por un lado, hay niños con sobrepeso y obesidad, pero, por otro lado, también hay con anemia, talla y peso bajo.

Y es que solamente el 19.7% de los preescolares consume verduras; y prácticamente todos (preescolares, escolares y adolescentes) ingieren jugos o bebidas endulzadas no lácteas, esto es arriba del 80%, lo cual es alarmante, porque al hacerlo reemplazan otros alimentos más saludables, como verduras, frutas y leguminosas (frijoles, lentejas y habas), que solamente el 45% de la población infantil los incluye en su alimentación, aludió la nutrióloga con base en datos de la ENSANUT.

De igual manera, recordó que los padres son los responsables de que los niños tengan un balance nutricional, porque son ellos quienes escogen qué va a consumir el niño o la niña. “Un niño de cinco años no tiene el dinero o la tarjeta para ir al súper, sino los padres, sin embargo, los niños sí deciden cuánto de lo que les ofrecen sus padres van a comer”, por ello, enfatizó, es fundamental la educación en el hogar, la cual se debe de reforzar en la escuela con enseñanzas positivas de alimentación saludable

Y, por otro lado –continuó-, el ambiente que genera la sociedad y que actualmente es obesogénico por la publicidad engañosa de ciertos productos, ante lo cual se han dado grandes pasos para contrarrestar el problema, sin embargo, todavía no es suficiente.

Lo primordial, resaltó, es empezar en los primeros 1,000 días de vida, que abarca desde la concepción, hasta más o menos los 2 o 3 años de edad, y fomentar una dieta equilibrada con el objeto de prevenir el sobrepeso u obesidad y que el niño tenga buenos nutrientes; posteriormente, cuando ya nació, proporcionar la lactancia materna, que es lo que más previene esos padecimientos y el desarrollo de enfermedades crónico degenerativas no transmisibles; después, cuando el niño comienza la alimentación complementaria, es importante seguir cuidando lo que hay en su alrededor, así como durante la edad preescolar, escolar y adolescencia.

Finalmente la experta señaló que el etiquetado frontal representa un avance en lo que respecta a informar a las personas lo que consumen; sin embargo subrayó que tanto la obesidad y la malnutrición son problemáticas multifactoriales, por lo que la medida es una de las varias acciones a implementar en México.

Afecta más a mujeres inseguridad alimentaria en el mundo

  • Una de cada tres mujeres en edad reproductiva a nivel mundial padece anemia.
  • En México, los índices de sobrepeso y obesidad son mayores en mujeres adolescentes y adultas que en hombres

La malnutrición en todas sus formas sigue constituyendo un desafío a nivel mundial y la prevalencia de la inseguridad alimentaria es más elevada entre las mujeres que entre los hombres, lo que significa que, en mayor proporción, ellas no tienen un acceso regular a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes. Y aun cuando no necesariamente padecen hambre, se encuentran en alto riesgo de tener varias formas de malnutrición y mala salud. (1) 

De acuerdo a información consultada por el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), la anemia en las mujeres y la obesidad en adultos también están aumentando en el mundo: una de cada tres mujeres en edad reproductiva padece anemia y, por otra parte, más de uno de cada ocho adultos son obesos. 

La desigualdad de género es un factor relevante para padecer hambre y pobreza, ya que se estima que el 60 por ciento de las personas que sufren de hambre crónica son mujeres y niñas. (2)

Por otra parte, en México, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2020 sobre Covid-19 (Ensanut) indica que el 44.6% de las mujeres de 12 a 19 años padecen sobrepeso y obesidad, frente al 43.1% de los hombres. De igual manera, en la población mayor de 20 años, el 25.3% de las mujeres adultas tienen obesidad, frente al 22.3% de los hombres. (3)

Asimismo, la Ensanut refiere que el 17% de las mujeres de 20 años o más presentaron diagnóstico médico previo de hipertensión arterial, frente al 12.4% de los hombres de esa misma edad, en tanto que la prevalencia de diabetes total en la población femenina de ese grupo de edad fue del 15.8%, frente al 15.6% de la masculina. 

Más aún, a nivel mundial, las mujeres suelen ser quienes asumen la responsabilidad primordial en materia de seguridad alimentaria y nutrición en los hogares. Sin embargo, mujeres y niñas siguen sufriendo discriminación en el acceso a los alimentos y el control sobre los mismos —desde la fase de la producción hasta la del consumo—, a mejores medios de subsistencia, a la educación y a la atención de salud. (4)

A medida que se incrementa la inseguridad alimentaria en todo el orbe, las mujeres y las niñas son quienes corren un mayor riesgo de padecer hambre y malnutrición, y a menudo son las últimas en comer en sus hogares, de acuerdo a una reciente publicación del Global Nutrition Report. Estos factores contribuyen a que las mujeres tengan 9.3% más de probabilidades de tener bajo peso y un 36% de ser más obesas que los hombres. (5)

Se señala, de igual manera, que los efectos positivos del acceso a una buena nutrición, especialmente en los primeros 1.000 días de vida, rinden dividendos tanto a las personas como a la sociedad. Si bien la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres están asociados con una mejor nutrición infantil, la nutrición de la primera infancia también contribuye a una generación de mujeres fuertes y saludables.

También, este análisis destaca tres formas en que la nutrición igualitaria en materia de género beneficia a una sociedad: 1) Mejores resultados de salud (una buena nutrición puede proteger a las niñas incluso antes de que nazcan); 2) mayor logro en educación (el acceso a una buena nutrición permite que el cerebro de las niñas se desarrolle por completo e influye en su desempeño escolar), y 3) mayor participación económica (la desnutrición tiene un importante impacto en las perspectivas laborales de la mujer). 

La anemia en las mujeres de 15 a 49 años de edad constituye ahora un indicador de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. A escala mundial, el 29.9% de las mujeres de este grupo de edad padecía anemia en 2019. Sin embargo, los datos muestran diferencias regionales importantes, ya que más del 30% de las mujeres de África y Asia tenían esta afección, frente a solo el 14.6% de las de América septentrional y Europa. (6)

El empoderamiento de las mujeres se traduce, en algunos países, en el acceso a una mejor calidad de dieta nutricional.

Fuentes:

(1) Organización de las Naciones Unidas. (2019). Más de 820 millones de personas pasan hambre y unos 2000 millones sufren su amenaza. Oct. 2021, de ONU Sitio web: https://news.un.org/es/story/2019/07/1459231

(2) ONU Mujeres. (2012). Hechos y cifras acerca de las mujeres rurales Pobreza y hambre. Oct. 2021, de ONU Mujeres Sitio web: https://www.unwomen.org/es/news/in-focus/commission-on-the-status-of-women-2012/facts-and-figures#:~:text=La%20desigualdad%20de%20g%C3%A9nero%20es,Estrategia%20de%20G%C3%A9nero%20del%20PMA.

(3) Secretaría de Salud, Instituto Nacional de Salud Pública. (2021). Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2020 sobre Covid-19 Resultados Nacionales. Oct. 2021, de Secretaría de Salud, INSP Sitio web: https://ensanut.insp.mx/encuestas/ensanutcontinua2020/doctos/informes/ensanutCovid19ResultadosNacionales.pdf

(4) Programa Mundial de Alimentos. (2015). Política en Materia de Género 2015-2020. Oct. 2021, de Programa Mundial de Alimentos Sitio web: https://documents.wfp.org/stellent/groups/public/documents/communications/wfp278098.pdf

(5) (1) Global Nutrition Report. (2021). Por qué es importante abordar la desnutrición para el empoderamiento de las mujeres. Oct. 2021, de Global Nutrition Report Sitio web: https://globalnutritionreport.org/blog/why-tackling-malnutrition-matters-womens-empowerment/

(6) FAO, FIDA, UNICEF, PMA y OMS. (2021). El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo. Oct. 2021, de Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura Sitio web: http://www.fao.org/3/cb5409es/cb5409es.pdf

La dieta “correcta” depende de las condiciones y características de cada individuo: Lidia Araceli Rodríguez, Nutrióloga

*Debe ser completa, equilibrada, inocua, suficiente, variada y adecuada

El conjunto de alimentos y platillos ingeridos por día deben ser definidos por varios factores, entre ellos, el gasto energético derivado del tipo de actividades, la edad, la existencia de algún padecimiento (en caso de existir), así como el contexto sociocultural y psicológico.

Lo anterior lo comentó en entrevista para el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), la Nutrióloga Lidia Araceli Rodríguez Pérez.

Explicó que una dieta correcta se define de manera individualizada y debe mantener algunas características como ser completa, equilibrada, inocua, suficiente, variada y adecuada.

“Para que sea completa debe de cubrir tanto en el desayuno, la comida y la cena los tres grupos de alimentos que vienen en El plato del bien comer, lo cual incluye cereales y tubérculos; productos de origen animal y leguminosas, así como frutas y verduras.

Y a partir de ahí–continuó-, además de la variedad, se va a considerar la y cantidad de estos alimentos (equilibrio), lo cual significa que la dieta debe incluir cierto porcentaje de los principales nutrimentos, así como la cantidad total de energía que se debe consumir al día y todo ello va a depender de las características de la persona.

Al referirse a las llamadas dietas “Dieta de la Zona”, “Vegana”, “Orgánica”, “Keto” la Licenciada en Nutrición y Ciencia de los Alimentos y Maestra en Educación reiteró que lo más importante es que la dieta tiene que ser acorde a las características de la población y, especialmente, de la persona que va a realizarla.

Asimismo, mencionó la “Dieta de la milpa”, y una que se encuentra en las Guías alimentarias basadas en alimentos: “Dieta DASH”, la cual se creó originalmente para ayudar a reducir la presión arterial y que habla sobre enfoques alimentarios para controlar la hipertensión con el consumo y restricción de alimentos específicos.

La coordinadora de la Maestría en Nutrición Clínica en la Universidad Iberoamericana León, Guanajuato, subrayó que algunos de los beneficios de mantener una dieta con un equilibrio alimentario, son el consumir la cantidad de nutrimentos necesarios para realizar las funciones vitales y ordinarias. Sin embargo, apuntó, si en un momento dado la persona tiene una situación en particular, fisiológica o fisiopatológica también le va a ayudar a determinar qué alimentos son los que se deberían o no de consumir y, sobre todo, a mantener ciertos hábitos que le ayuden a llevar de manera ordenada la alimentación.

Respecto a los alimentos que deben evitarse por su impacto dañino en la salud destacan los ultraprocesados, porque aportan una cantidad de energía importante que se basa en algún nutrimento, principalmente hidratos de carbono simples (azúcares o con alto contenido de grasas, grasas saturadas). “Todo lo que se refiere a alimentos procesados o ultraprocesados hay que tener cuidado en cuanto a la cantidad de alimento que consumimos al día”, recomendó.

Aunado a ello, la especialista recordó que las dietas por sí mismas no pueden resolver la problemática de obesidad y sobrepeso toda vez que se requiere de atención interdisciplinaria.

Finalmente la experta en Nutrición, Lidia Araceli Rodríguez, advirtió la necesidad de fortalecer la educación entre la población, con el objetivo de hacer recomendaciones puntuales sobre la alimentación y crear hábitos adecuados dependiendo de las características específicas de cada individuo. En el proceso educativo se necesita trabajar el proceso de la motivación y diseñar un tipo de alimentación correcta para cada persona, identificar cuál es su objetivo, y trabajar con ella para que cambie, darle información y herramientas para que lo pueda lograr, concluyó.

El consumo excesivo de sodio puede ser letal

  • Productos cárnicos como tocino, jamón y salchichas, así como sopas instantáneas, pan de caja, mayonesas y quesos, entre los alimentos con mayor contenido de sal.
  • 1 de cada 4 adultos en México padece hipertensión arterial, principal padecimiento causado por ingesta excesiva de este nutriente; 40% de ellos desconoce tener esta enfermedad.

Ciudad de México a 6 de octubre del 2021.- Uno de los principales errores alrededor del consumo de sodio es considerar que es la sal agregada a la cocción de los alimentos la fuente principal de ingesta, cuando, en realidad, el 80% de este nutriente se consume en exceso por la vía de los alimentos procesados y ultraprocesados, así lo advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS). (1)

En México, información consultada por el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO) señala que los principales productos y alimentos que más aportan sodio a la dieta de los mexicanos son: los embutidos (salchichas, tocino y jamón), sopas instantáneas, pan de caja, pastelillos, tortillas de harina, quesos, leche, tortillas de maíz, además de salsa cátsup, salsa picante, salsas de soya, inglesa y sazonadores líquidos. (2)

Ante este panorama, especialistas consideran que dicha dieta, rica en productos con exceso de sodio es un factor de riesgo para el desarrollo de hipertensión arterial que sufren 1 de 4 adultos mexicanos. El 40% de esta población ignora estar padeciendo dicha enfermedad que puede derivar en problemas del corazón, como insuficiencia cardíaca e infartos, accidentes cerebrovasculares, daño en riñones, que provoca a su vez insuficiencia renal. (3)

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante el 2020 las enfermedades del corazón se ubicaron como la primera causa de muerte en nuestro país, aún por encima del Covid-19, con 218 mil 885 personas fallecidas y con una tendencia en aumento, ya que en 2019, también como primera causa de muerte, se registraron 156 mil 041 decesos. (4)

Un estudio publicado en la Revista del Consumidor del mes de julio de este año enlistó algunos de los productos ultraprocesados que en su elaboración adicionan sal y aditivos que elevan el contenido de sodio y que forman parte de las categorías de botanas, productos enlatados, conservas, galletas, cereales, tortillas de harina y hasta mayonesas que exceden las cantidades normales de sodio. (5)

Asimismo, destaca que entre los productos ultraprocesados con los que se debe tener mayor cuidado por su exceso de sodio, se encuentran en la categoría de botanas: Takis, Cheetos Churrumais, Doritos Nacho, Fritos, Totis Donitas, Runners, mientras que en cacahuates: Hot Nuts, Mafer, Karate. Además también cereales para el desayuno contienen exceso de sodio, como son Cinnamon Toast Crunch, Lucky Charms, Cocoa Pebbles, Honey bunches of oats. En las galletas están las Saladitas, Emperador, Animalitos, Marías Doradas. En la categoría de atún envasado con exceso de sodio están Atún Dolores, Calmex, El Dorado.

De igual manera, la investigación alerta sobre 80 productos en diferentes categorías que hoy en día deben tener visible el sello de “Exceso de sodio” en sus empaques con base en la última modificación a la norma NOM-051-SCFI/SSA-2010 en donde se estipula que aquellos ultraprocesados que tengan mayor o igual a 350 mg de sodio por 100 ml o 100 g deben ostentar dicha señal de advertencia.

Respecto a las recomendaciones generales de consumo de sodio, la OMS indica que la ingesta inferior a 5 gramos diarios en el adulto contribuye a disminuir la tensión arterial y el riesgo de enfermedad cardiovascular, accidente cerebrovascular e infarto de miocardio y con ello evitar 2.5 millones de defunciones prematuras a nivel global. (6)

De tal suerte que, diversos especialistas consideran que las estrategias para disminuir su consumo no deben limitarse únicamente a la sal añadida de forma individual, sino también a fomentar su reducción en las fórmulas de los alimentos industrializados, que consumen, con más frecuencia, las y los mexicanos. (7)

Fuentes:

1.- “Reducir el consumo de sal” Sitio oficial de la Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/salt-reduction

2.- “Fuentes dietéticas que aportan mayor contenido de sodio a la dieta de los adultos mexicanos y patrones asociados: análisis de la ENSANUT 2012” Instituto Nacional de Salud Pública. León Estrada, Sandra Elizabeth.  https://catalogoinsp.mx/files/tes/054161.pdf

3.- “Hipertensión y COVID-19” Instituto Nacional de Salud Pública. Piña-Pozas M, Araujo-Pulido G, Castillo-Castillo. https://www.insp.mx/avisos/5398-hipertension-arterial-problema-salud-publica.html

4.- Características de las defunciones registradas durante el 2021. INEGI. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2021/EstSociodemo/DefuncionesRegistradas1Trim2021.pdf

5.- Revista del Consumidor #533. Julio 2021. https://www.profeco.gob.mx/revista/RevistaDelConsumidor_533_Julio_2021.pdf

6.- “Hipertensión” Sitio oficial de la Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/es/health-topics/hypertension#tab=tab_1

7.- León Estrada, E. (2014). Fuentes dietéticas que aportan mayor contenido de sodio a la dieta de los adultos mexicanos y patrones asociados: análisis de la ENSANUT 2012. Instituto Nacional de Salud Pública, México. https://catalogoinsp.mx/files/tes/054161.pdf

Crisis económica y carga genética propician sobrepeso y obesidad: Gabriela Cortés, Nutrióloga

*Es necesario crear conciencia entre los mexicanos de que estos padecimientos son multifactoriales

Aunque el sobrepeso y la obesidad son multifactoriales, se ha identificado que el aspecto económico, que se traduce en una poca capacidad de compra de alimentos de calidad, y el aspecto familiar, cuando se hereda la problemática vía la carga genética, son algunos de los factores más comunes entre las y los mexicanos que sufren dichos padecimientos.

Así lo señaló en entrevista para el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO) la especialista en Nutrición Gabriela Cortés Cavazos, quien mencionó que entre los síntomas y signos de dichas enfermedades se encuentran principalmente el cansancio, el agotamiento, el dolor en las rodillas y la ansiedad.

Respecto a en qué momento se considera que existe obesidad o sobrepeso, precisó que esto es posible advertirlo cuando la personas pesa entre 10 y 15 kilos más, de acuerdo a la estatura que se tenga, además de eso debe considerarse el factor de la edad y si es hombre o mujer, entre otras características. “Lo ideal es tener un peso en proporción a la estatura y conforme al Índice de Masa Corporal que le corresponde”.

El sobrepeso solo se clasifica en uno, explicó la licenciada en Nutrición al señalar que el indicador de Índice de Masa Corporal (IMC) es de entre 20 y 25 puntos, después está la preobesidad, donde el IMC está en un rango de 25 a 29, pero si los niveles ya están arriba de 30 se considera obesidad, padecimiento en el que hay distintos tipos: 1, 2 y 3.

Al referirse a las consecuencias en la salud que esta condición trae consigo, la también especialista en Psicología de la Alimentación comentó que se encuentran principalmente las enfermedades cardiovasculares, así como los niveles de glucosa, colesterol y triglicéridos elevados, así como la prediabetes o diabetes e hígado graso.

“En las embarazadas se puede desarrollar una diabetes gestacional si llegan a su embarazo con sobrepeso o con obesidad”, añadió.

Asimismo, indicó que la alimentación influye para que una persona pueda desarrollar sobrepeso u obesidad. “Generalmente el consumo excesivo de grasas,  carbohidratos, no comer suficientes frutas y verduras durante el día, no tener actividad física al menos 30 minutos diarios, la vida sedentaria y no saber cómo equilibrar un platillo, todo eso puede ocasionar el sobrepeso y la obesidad”.

Otro aspecto –agregó- es la vida tan rápida que llevamos, las personas suelen comer lo primero que encuentran, ya sea porque pasan muchas horas en el trabajo y llegan a casa cansados y ya no quieren cocinar, por lo que toman lo que sea: un cereal, una bolsa de galletas o papitas, y eso también puede provocar que se desarrolle en un futuro el sobrepeso o la obesidad.

Cortés Cavazos recomendó que la alimentación de una persona sea equilibrada, balanceada e incluya verduras y frutas. “Que en el plato de la comida la mitad sea con verduras y la otra mitad que esté distribuida entre proteínas y carbohidratos y consumir agua natural, mínimo dos litros al día”.

“Si se tiene algún antojo a media tarde o a media mañana es recomendable consumir alguna fruta con una porción de almendras o cacahuates y no recurrir a papitas o galletas; para la cena y el desayuno, elegir alimentos ligeros para que durante el día no se tenga pesadez, sueño o cansancio.”, sugirió.

A manera de conclusión la nutrióloga enfatizó la necesidad de crear conciencia de qué es lo que puede pasar en un futuro si se lleva una vida sedentaria y cómo se pueden originar o desarrollar enfermedades cardiovasculares, sobrepeso, obesidad y diabetes.

“En la actualidad se tiende a relacionar la comida con las emociones, los pensamientos y las situaciones cotidianas, por ejemplo, si hay alguna fiesta, en una boda o una fecha importante se celebra con comida. En México tenemos esa cultura y está muy relacionado que veamos a la comida como un premio o un castigo y es importante considerar alternativas que no tengan que ver con la alimentación, porque también de ahí pueden originarse sobrepeso u obesidad; comer alimentos que el cuerpo no necesita y hacerlo solo por un antojo”, concluyó.